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Pofesionales como la copa de una abeto

No, no es un error. Llevo un tiempo leyendo, aprendiendo y escuchando cosas sobre las altas capacidades y me doy cuenta de la cantidad de personas que creen que saben de qué están hablando. Y se permiten el privilegio de darte opiniones y consejos o directamente diagnóstico de lo que ocurre. La culpa de los padres. Yo no digo que soy una experta, solo me he preocupado en buscar, leer, escuchar y contrastar. Sé que es más de lo que muchos de los profesionales. Los profesionales sin embargo, cuando les llega algo de este tema si no lo saben, reconocen que no lo saben, preguntan e investigan. Esto no solo pasa en la educación con los profesores, orientadores, pedagogos, etc. También pasa en otras áreas: médicos, informáticos… Pero en la educación nos la jugamos todos, no solo los que somos padres.

Los que no son padres, o que sus hijos ya han pasado la fase educativa, no ven nada malo en el sistema educativo y solo saben de él por el informe PISA. Os voy a contar algo: en todo mi periplo escolar solo hubo una profesora que creyó en mi, y al año siguiente se fue del colegio. Para el resto yo era una vaga, despistada, etc. Y como era rara… la combinación perfecta. Para el resto pasé desapercibida. En la facultad, mis razonamientos algunas veces iban mas allá, y sin querer incluso adelanté temario. Soy incapaz de memorizarme algo, pero si entiendo como se hace, soy capaz de hacer el desarrollo bien y de manera eficiente. En el colegio e instituto el tipo de enseñanza que hay es memorizar, repetir, memorizar, repetir, etc. ¿Pero que pasa si observas,razonas, compruebas y sacas tus propias conclusiones? Mucha gente cree que los niños pequeños no razonan, que vienen con la cabeza vacía y que hay que llenar como un bote de mermelada. Pues eso a mí no me pasa. O les explico las cosas para que las razonen y de esa forma lo interioricen o si lo intento hacer las cosas mediante PMC (Por Mis Cojones), no es que no lo consiga, es que se enroca y no hay manera. Nuestro modelo educativo se basa en el bote de mermelada, el profesor (el que sabe) vierte sus conocimientos o los del libro, en los niños. Y estos tiene que demostrar lo que les ha transmitido el profesor con ejercicios y exámenes. No es válido el razonamiento que de como resultado otra cosa mas que la respuesta que el profesor espera. Y aquí es donde radica la diferencia entre el profesional y el “pofesional”. El profesional intenta comprender el razonamiento y si es erróneo lo intenta corregir. El “pofesional” directamente cree que el niño le está vacilando y le castiga.

Los “pofesionales” se sienten inseguros delante de personas que razonan, y se ponen la coraza de expertos y es cuando llegan las frases lapidarias, forzar que encajen intentando doblegar su voluntad, el asumir que es malo y por eso pega, el que se meta en un rincón física o metafóricamente y no se deje conocer, encajar a los niños en estereotipos previos, etc. Todo esto se resume en lo mismo mirar para otro lado cuando los niños sufren. Sufren por ser distintos físicamente, por tener una familia distinta a la convencional, por llevar gafas, por ser gordito, o por ver, comprender o sentir mas o menos que la media. Media, que normales son todos.

El profesional, observa, analiza, contrasta y lo cuenta para poder actuar. Y vuelve a observar, a analizar, a contrastar y a evaluar si la intervención que se ha hecho es correcta. Busca información, investiga, se apasiona con su trabajo. Cuando dan con alguien así que les motiva, no tiene precio. Por eso hay que cuidarlos pero sobre todo que les dejen trabajar y no reciban presiones para que no intervengan.

Imaginemos una carrera de caballos, pero un pequeño grupo son asnos, muchos percherones y caballos de tiro , y un pequeño grupo de caballos de carreras. Bueno pues nuestro sistema lo que hace es agruparlos, rodearlos con una valla y obligarlos a todos a ir con el mismo ritmo. Los asnos se quedan descolgados, y los de carreras intentan tirar del grupo, pero como son pocos no pueden. Si mantenemos esto, a los asnos para que vayan al mismo ritmos les forzamos, y a los caballos de carreras se les atrofian los musculos por que no pueden hacer todo el ejercicio que requieren.

Nuestro sistema se centra en el profesor como fuente de conocimiento y el conocimiento que les dispensa es únicamente el que dicta el curriculum, ni mas, ni menos. Pero pensemos por un momento que se centra en el niño. Y el profesor le guía para que adquiera unas destrezas. Le acompañe y le sirva para contrastar lo que aprende. El profesor puede o no saber del tema, pero si no sabe, ayuda a buscar la solucion. Un espacio donde se respetase al niño por serlo, y admitir que tiene su tiempo.

En el ejemplo de los caballos, los asnos tendrán su paso, cada uno el suyo y podrán o no adelantar a los caballos percherones y normales, pero no se tira de ellos hasta hacerles sufrir. Los percherones y de tiro cada uno tendrá su velocidad y no se verán entorpecidos por los asnos o por los torpes caballos de carreras a los que les cuesta ir tan pegado a otros como marca la valla. Y los de carreras irán a su ritmo, pero no siempre en linea recta y avanzando, les gusta hacer giros y cabriolas.

Los padres, ¿podemos soñar con algo así? Pues nos damos contra una pared llamada administración.

Cuando una funcionaria marca

Cuando mi enano entro en la guardería, las profesoras estaban encantadas, hacia muchos ruiditos, aprendía rápido, comía muy bien. Con 11 meses comenzó a comer solo y no permitía que ningún adulto le diésemos de comer. Con 24 meses probamos a quitarle el pañal y a las 2 semanas controlaba de día y a los 2 meses de noche. Tenía una evolución muy buena, pero como no tenias niños con los que comparar, pues nos parecía normal.

Al comenzar el cole, en el primer trimestre, se aprendió las letras en mayúsculas, y la funcionaria docente que tenía por tutora, nos dijo que no le enseñásemos a leer, a pesar que él lo pidiese. Le pegaban y en el segundo trimestre harto de recibir comenzó a repartir. A la funcionaria, no le cuadraban las cosas que hacia el niño, como cuando le decían pinta el coche de la familia y el niño lo pintaba de negro, saltaban las alarmas, el niño tenía problemas (Nota: el coche de la familia era negro).  Que el niño corregía lo que hacían mal sus compañeros, etc. Al final del curso la “buena” funcionaria me reúne para decirme que el niño debe de ir a un centro especial para niños como el FUTUROS DELINCUENTES (Nota: no os he dicho, la funcionaria docente tenía una amplísima experiencia)

Al año siguiente, con un nuevo miembro más en la familia, los mantras de la funcionaria cambio, son celos, necesita un psiquiatra, llevarle al pediatra y que le dé pastillitas para que este más tranquilo, es un claro ejemplo de niño hiperactivo… Preocupados por el niño decidimos hablar con su pediatra: niño normal. Le llevamos a un neurólogo que le mando un electroencefalograma: niño normal. Psiquiatra: que no le pasaba nada, pero que lo mejor para tratar los problemas de conducta era una evaluación psicopedagógica por el orientador de cole, pero la funcionaria nos desvía amablemente a un programa de prevención del fracaso escolar sin informarnos de que los resultados y las indicaciones de la profesionales fuesen vinculantes, en resumen, que la funcionaria podía o no hacerlas caso. ¿Y qué paso? pues que la funcionaria a demás de no hacerles caso, malmetía a las madres, hacia distinciones en los niños. Pedimos un cambio de clase, la respuesta expulsión de 3 días. Ya había pasado el plazo para cambiarle de centro y al curso siguiente tendría que seguir con la funcionaria. Pero expusimos una queja sobre ella en la inspección de educación.

Al comenzar el curso, seguíamos con la misma funcionaria, y después cierto acoso por su parte, y pasarse por el forro, las directrices de la inspección. La inspectora, autorizo el cambio de centro, es mas subió el ratio del colegio donde todos pensábamos que encajaría. En el nuevo colegio en 2 meses nos dicen que es lo que puede ser y después lo confirmamos.

Cuatro años después de que saliese de sus garras, el niño sigue sufriendo las consecuencias. Falta de autoestima, un ínfimo concepto de sí mismo, incapacidad de resolverlos conflictos de forma correcta, aborrece los deberes, etc.